jueves, 18 de octubre de 2012

HABLAMOS DE BOLETUS

Siguiendo con la linea de productos de otoño, hoy os voy a hablar de uno que a mi me fascina: el boletus. Tanto para mí como para mi familia el final del verano y el comienzo del otoño es una época donde de poco más se habla que de setas y de monte. Empezamos a frecuentar asiduamente los montes y las zonas donde sabemos que salen setas. He de decir también que pocas veces cogemos algo más que los boletus (solemos descartas muchas clases de setas, unas por desconocimiento y otras porque no llaman excesivamente nuestra atención a la hora de comerlas), vamos directamente a por uno de los "oros" que en forma de fruto nos ofrece la naturaleza. Aquí podéis ver mi última recolección aprovechando unos días que pasé por Navarra.



Conocidos practicamente a nivel mundial, tienen nombres distintos según el sitio donde se hable de ellos, Porcini en Italia (más del 60% de la procedencia son de Italia); Cep en Cataluña; hongo beltza en Navarra y País Vasco, etc.
En la foto siguiente podéis ver las características principales de cada una de las partes que compone un boletus, sombrero, tubos y pie.


Podemos encontrar varias clases de boletus que aunque no presentan muchísimas diferencias, si que hay alguna bastante notable, sobre todo el color del sombrero. Se encuentra en todo tipo de bosques húmedos.
Hay que destacar el importantísimo papel que realizan en el bosque (junto a las setas) ya que reciclan los desechos orgánicos y mantienen relaciones simbióticas con otras plantas. 

En cuanto a sus posibilidades gastronómicas podemos decir que son practicamente infinitas, podemos elaborarlos solos, en revuelto, formando parte de guisos, en croquetas y un sin fin más... para mí la mejor manera de comerlos (cuando son jóvenes y están completamente sanos) es cortados en láminas muy finas y hechos a la plancha, con un poco de sal maldom y unas gotas de aceite de oliva. Creo que es la mejor manera de apreciar el sabor sin que nada lo eclipse, soy enemigo 100% de acompañarlos con ajo o cebolla. 



Y hasta aquí este post sobre los boletus. Siempre digo que casi disfruto más recogiéndolos que comíendolos pero pensándolo friamente tendría que reflexionar, muy mucho, cual de las dos prefiero. Por último como consejo, deciros que no existe un regla básica que distinga las setas tóxicas de las comestibles, solo el conocimiento de las mismas será garantía, así que mucho cuidado con lo que recolectais y si hay dudas más vale tirarlo (preferiblemente ni cogerlo, porque como ya hemos dicho, su labor en el monte es fundamental). Un saludo, nos vemos pronto.

2 comentarios:

  1. Envidiable, soy aficionado a buscar y cocinar setas. La lástima es que aquí en el sur no son frecuentes los boletus. Saludos.

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  2. Hola,

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